Emilia Palladino: “La ‘Amoris laetitia’ dice que son las parejas las que deciden por sí mismas”

(Diego Meza).- Emilia Palladino es profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad pontificia Gregoriana de Roma. Entrevistada sobre la ‘Amoris laetitia’, asegura que, en contra de lo que sostienen algunos, el documento del Papa Francisco dice cosas nuevas, insta al discernimiento de las parejas y hasta habla por vez primera de la pasión sexual.

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¿Cuál es su concepto general de Amoris Laetitiae y como ha sido recibido este documento en la comunidad académica?

Considero este documento como uno de los más importantes sobre el tema de la familia después de la Familiaris Consortio. Este documento reasume las conclusiones de los dos últimos sínodos, citados por el Papa Francisco frecuentemente, en algunos casos hay pasajes tomados integralmente.

En cuanto a la recepción de la comunidad académica, el documento ha originado reacciones muy diferentes. En general nos ponemos de frente a este documento en modo constructivo, buscando comprender el significado profundo y la evolución respecto al pasado, en este sentido hay quienes han encontrado importantes novedades y por el contrario quien ha dicho que no hay novedades. En Amoris Laetitia, el Papa Francisco ha partido de la vida ordinaria, nos es un documento doctrinal, es muy elástico, práctico, habla de la cotidianeidad, el lenguaje como se puede ver no es académico.

¿Qué significado tiene dar la capacidad de decisión a las parejas y que extensión tiene en la vida familiar?

En el documento viene dicho que son las parejas las que deciden por sí mismas. El discernimiento de la pareja en cuanto pareja, en cuanto unida en matrimonio es ya por sí misma, una cosa que tiene valor y debe ser realizada. La pareja no tiene solo el derecho de discernir, tiene el deber de hacerlo sobre las cosas que le corresponden estrictamente. La extensión es importante porque va de la vida ordinaria a cuestiones de formación. Por ejemplo, al interno de los cursos de preparación al matrimonio, las parejas deben ser también educadas al discernimiento, esto requiere una modificación del enfoque educativo del sacramento.

Muchas personas dicen que el Papa no ha dicho nada nuevo. ¿Usted qué piensa?

Ésta es quizás la crítica más difundida a este documento. De cierta manera es normal que a nivel de contenidos no se han visto cosas nuevas, la novedad, al contrario según mi parecer tiene que ver con la prioridad de los argumentos escogidos por el Papa y el modo en el cual han sido tratados. Por ejemplo, el tema del deseo sexual, del amor apasionado, ya han estado tratados en la Deus Caristas est, pero, el modo en el cual habla Francisco es nuevo: De una parte ha estado dada una prioridad excelente a la cuestión de la pasión al interno de la pareja con un lenguaje muy elástico, anclado a la dinámica real de la convivencia entre cónyuges. De otro lado, el Papa parece requerir que la sexualidad sea un argumento propio de la conversación de una pareja, para crecer juntos, también en este ámbito, tan importante. Nunca antes una exhortación apostólica ha pedido que una pareja pueda dialogar también para mejorar la propia experiencia de la pasión sexual.

¿Qué pueden hacer los laicos para ayudar a la Iglesia en este reto?

Los laicos pueden hacer muchísimo. Sobre todo ser personas autónomas, una autonomía de pensamiento, de discernimiento y de acción. Según mi parecer, la batalla más dura es aquella contra el clericalismo porque es una disposición que no solo amenaza la labor de los laicos y su autonomía, sino que convence a los ordenados a no dejar a los laicos el espacio que les corresponde. Debe ser, entonces una colaboración entre todos los miembros del pueblo de Dios: De una parte los laicos que deben asumir su autonomía y su responsabilidad, de otra, los consagrados que deben dejar el espacio para poder hacerlo.

¿Qué sucede con la comunión a los divorciados?

Por cuanto tiene que ver a este aspecto, se percibe muy claramente la contraposición entre ley y espíritu. Cuantos valoran la realidad de los divorciados vueltos a casar en función del acceso a los sacramentos centrándose en el “espíritu” desatienden cuestiones de normas, se acercan al permisivismo; cuantos, al contrario, se centran sobre la ley pueden llegar a ser excesivamente rígidos y severos.

Evidentemente no se puede hacer sino caminos diferenciados según las personas y las situaciones. Todos se merecen la salvación, porque Jesús murió y resucitó por todos, por tanto, el problema de la Iglesia es poder dirigirla para todos. ¿Ahora, qué camino recorrer? ¿Un camino para todos? ¿O por el contrario, una propuesta procesual, diferenciada, modulada sobre estado y necesidad de los individuos y de las circunstancias? Esto implica que los sacerdotes tengan un rol activo y responsable a nivel de acompañamiento pastoral. La medida de una buena acción pastoral es la conversión: una conversión lenta, fatigosa, a veces difícil, pero que dura en el tiempo. El sacerdote que está de frente a una pareja en dificultad, debe saber que debe darles sobre todo tiempo.

¿Hay peligro de relativismo?

Algunos al interno de la Iglesia pueden percibir la apertura del Papa Francisco al discernimiento individual y de la pareja como un peligro, en cuanto favorecería el relativismo de las posiciones y de las soluciones. En realidad, sin embargo, no se puede comprender la amplitud de la posición de Francisco sin insertarla en un esquema relacional.

En otras palabras, las indicaciones contenidas en Amoris Laetitia, tiene sentido si son insertas al interno de una visión antropológica que contempla la presencia y la importancia de relaciones entre los actores de un determinado problema.

Por ejemplo, en relación al acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, la verdadera respuesta no debe ser el permiso de acercarse a la comunión o no, pero, si existe y es eficaz una red de relación constructiva y de acompañamiento sincero y autentico entre los miembros de la pareja, el sacerdote y la comunidad eclesial de referencia.
Sin comunión, sin relación, sin diálogo, la actualización de las indicaciones de este documento es inviable.

Esto implica una pastoral familiar seria, madura.

Cierto, requiere una pastoral familiar seria y en todo madurez y responsabilidad. La alternativa a una improductiva pastoral de conservación que hoy tenemos como Iglesia a fin de una evangelización directa y eficaz es la de “reconectar las relaciones”; sin entrar en relación no se puede ayudar a ninguno. Por esto es necesario educar sobre todo a los formadores – y los sacerdotes, desde luego- al discernimiento, a la madurez, a una correcta lectura de la realidad y de la responsabilidad.

Algunos piensan que errar es un pecado, por este motivo no hacen nada.

El error no es un pecado en sí mismo; el acompañante, también cuando es un laico, debería saber discernir la diferencia entre una situación de pecado y una situación de error. La situación de pecado implica un acto de voluntad de la persona que desea permanecer allí, por el contrario, una situación de error es aquella de una persona que busca su camino, errando, pero asumiendo que en aquel momento es lo máximo que puede hacer, y no es poca cosa. Ciertamente, en las situaciones de error se puede intervenir en modo muy positivo con un correcto discernimiento y con un constante acompañamiento personal

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