Moral sexual católica, ¿está en crisis de paradigma?

Cristián Barría Iroumé
Médico psiquiatra, terapeuta de pareja, ex profesor de Psicología Comunitaria U. De Chile.

Resumen. Aplicamos a la reflexión moral católica sobre sexualidad, los conceptos de historia de las ciencias de Tomas Kuhn, quién sugiere que una ciencia avanza con períodos de progreso normal, orientado por ciertas ideas-marco: un paradigma. La aparición de hechos nuevos provoca una crisis en la disciplina que impulsa a la elaboración de nuevas ideas y prácticas hasta perfilarse un nuevo paradigma. Durante la crisis se enfrentan escuelas rivales a las cuales les cuesta dialogar, debido a sus diferentes paradigmas. Gradualmente la comunidad de estudiosos consigue un nuevo consenso en torno al paradigma emergente, reanudándose el trabajo normal. Postulamos que estos fenómenos están ocurriendo en la comunidad católica, en relación a la sexualidad. En los años previos a 1968, surgieron hechos e ideas nuevas que llevaron a revisar el paradigma sobre sexualidad vigente por siglos. Estas innovaciones alcanzaron un clímax en ciertas intervenciones conciliares y en el trabajo de la Comisión Pontificia de Estudio de la Natalidad. Esbozamos los fundamentos para postular la persistencia de una crisis latente y no resuelta de paradigmas entre los católicos, respecto a la sexualidad. El Magisterio conserva con algunos ajustes el paradigma tradicional en la doctrina dando por resuelto el punto doctrinal. Por otra parte, sin embargo, muchos de los fieles parece conducirse en los hechos de acuerdo a un paradigma innovador, mas intuido y tentativo que reflexionado sistemáticamente.

En el campo de la moral sexual católica hay problemas para aprehender la sexualidad de un modo homogéneo y compartido por toda la comunidad de los creyentes. El magisterio plantea reiteradamente una doctrina precisa. Sin embargo, una significativa proporción de fieles actúa de modo diverso a las propuestas oficiales y parecen guiarse por una intuición diferente de la sexualidad, camino en el que son acompañados en cierta medida por algunos sacerdotes y teólogos. ¿Cómo puede haber llegado a ocurrir esto en una comunidad como la católica, habitualmente unida y relativamente obediente a sus autoridades y provista de una reflexión tan desarrollada como la teología moral?

En el Concilio Vaticano II hubo grandes progresos en varios campos pero, según un testigo como Congar, los avances habrían sido insuficientes en el campo de la teología moral. Postulamos que en el seno de la comunidad católica puede estarse dando una transformación y una crisis de paradigma, en el modo de concebir, percibir y vivir la sexualidad desde hace unos cincuenta años a esta parte, crisis que parece no haberse resuelto definitivamente. En el estudio de este problema, nos parece fecundo utilizar las ideas propuestas por un autor de historia de las ciencias, Tomás Kuhn, en su libro “La Estructura de las revoluciones Científicas”. Este autor plantea que las ciencias naturales (como también otros campos del saber) avanzan por un tiempo en sus descubrimientos de un modo que denomina normal, por acumulación y desarrollo de nuevos conocimientos. Sin embargo, de vez en cuando este avance tranquilo se ve interrumpido por períodos de crisis, que por la profundidad de los cambios que engendran, Kuhn denomina “revoluciones” de la ciencia. Las crisis se resuelven finalmente cuando el grueso de la comunidad envuelta en el proceso, adopta por fin un nuevo paradigma, que en adelante organiza y orienta el avance de la disciplina, abandonándose el antiguo. Aquí reflexionaremos sobre la sexualidad católica, aplicando por una parte las ideas de Kuhn, y también orientados por la perspectiva personal del autor de este ensayo: la medicina y la psicología. Estudiaremos la historia de la reflexión sobre la sexualidad, refiriéndonos tanto a contenidos doctrinales como a ciertos episodios personales de los actores en debate, de los últimos cincuenta años. Aunque los momentos personales pueden parecer adjetivos, ellos muestran precisamente las resistencias ante la aparición de un nuevo paradigma y son relevantes para trazar su génesis e historia.

Cabe preguntarse si es legítimo que ideas de la historia de las ciencias naturales de Kuhn sean aplicadas a un campo como la teología moral, que tiene rasgos singulares. En nuestra opinión es legítima y pertinente esta tentativa toda vez que en la teología moral hay también una búsqueda de racionalidad sistemática, que la ha llevado a ella misma a describirse como ciencia. Adicionalmente, en teología ya se han utilizado los conceptos de Kuhn, por lo que nuestro intento tiene amplios precedentes. En nuestra opinión, al menos por analogía, las ideas de Kuhn pueden ser iluminadoras en la parte reflexiva y sistemática de la teología moral. Los conceptos de Kuhn también han sido aplicados al estudio de otros campos del saber y de la conducta humana como la historia del arte y la política, lo que muestra que su campo de aplicación es amplio y va mas allá de las ciencias naturales.

1.- Síntesis de las propuestas de Kuhn.
1.1.-Las revoluciones en la ciencia.Un elemento central es el de paradigma descrito por el mismo Kuhn: “toda la constelación de creencias, valores, técnicas etc que comparten los miembros de una comunidad dada.” Es un conjunto de conceptos y métodos que organizan y dan forma al avance de una ciencia o disciplina. Por ejemplo, en la Antigüedad en el estudio de la naturaleza predominó el enfoque aristotélico en el estudio de los cuerpos que caen. Esta manera de mirar el movimiento físico se transformará con el nuevo paradigma de Galileo, quién percibió algo inédito: cuerpos que oscilan. El péndulo quizá siempre estuvo allí, pero antes era irrelevante, pues el paradigma antiguo no sabía que hacer con él y por lo mismo era como si no existiera. Un nuevo paradigma incluye una perspectiva nueva de observación de los fenómenos.

1.2.-Crisis de un Paradigma en la ciencia. Kuhn plantea que el cambio es desencadenado por observaciones nuevas que resultan “anómalas” pues ya no pueden ser explicados por el paradigma dominante. Esto llama la atención de los investigadores, los que se concentran en esta zona extraña. El paradigma vigente empieza a fracasar persistentemente para explicar los nuevos hechos, lo que es necesario para desencadenar la crisis. Se desarrollan múltiples investigaciones para lo cual se construyen esbozos de teorías, con el fin de explicar lo nuevo. Al surgir estos esbozos de un nuevo paradigma, coexisten ambos por un tiempo, quedando la comunidad dividida temporalmente, entre el antiguo y el candidato a nuevo paradigma. Los investigadores que llevan años trabajando en el paradigma antiguo se resisten típicamente a aceptar las nuevas ideas. Están comprometidos con el sistema establecido, que por lo demás ha permitido el progreso hasta el punto actual. Los investigadores mas jóvenes y mas libres, empiezan a explorar el nuevo paradigma, relacionándolo con sus propias investigaciones. Si éste comienza a mostrarse útil para explicar los resultados y sugerir nuevos caminos, será adoptado en forma creciente.

1.3. Persuasión versus Imposición. El nuevo paradigma solo puede ser adoptado por persuasión, siendo imposible imponerlo, según Kuhn. Esta es una característica crucial. Hay casos de investigadores que rechazan hasta el fin de sus días el nuevo paradigma, el que sin embargo ya se ha extendido, dominando completamente la comunidad científica. Son personas incapaces de asumir el esfuerzo de abandonar la perspectiva clásica para adoptar una nueva y quizá incierta para ellos. Y sin embargo de la adopción de estos cambios depende el progreso de la ciencia. Kuhn analiza el tipo de cambio cognitivo de los investigadores desde el antiguo hacia un nuevo paradigma. Propone una imagen tomada de la psicología de la percepción. Es el experimento de imágenes visuales de gestalt alternativas, de figura/fondo, en que vemos una (u otra) y nunca ambas al mismo tiempo: una copa versus dos caras (o bien, pájaros versus antílopes.) Una imagen captura nuestra atención, bloqueando la otra imagen posible. Kuhn sugiere que el cambio de paradigma por parte de los científicos tiene analogías con este fenómeno de percepción de una gestalt. Con una diferencia, que en la ciencia una vez que se cambia de paradigma, se vuelva casi imposible volver atrás, produciéndose un switch definitivo e irreversible. Solo es posible volver atrás, en la actitud propia del historiador de la ciencia, según Kuhn.

Un hecho llamativo es que la adopción del nuevo paradigma no resulta de una demostración puramente racional, como quizá se habría esperado en el campo de las ciencias. Al comienzo de la crisis, el antiguo paradigma incluso suele tener mas apoyos racionales, pues está firmemente respaldado por muchos trabajos y conocimientos. Al comienzo de la crisis, los esbozos de nuevo paradigma son precarios. Quienes lo postulan son guiados al comienzo por una intuición mas que por un sistema racional elaborado y completo. Estos esbozos los guían a nuevas exploraciones hasta que gradualmente el nuevo paradigma se elabora y se perfecciona. Surgen nuevos conocimientos que encajan mejor con el nuevo paradigma que va apareciendo como confirmado, quedando abandonado el antiguo, que aparece ahora, observado desde la nueva etapa alcanzada, como un antecedente histórico o un precursor.

1.4. Rivalidad de Escuelas. Los tradicionalistas también observan los hechos nuevos que desencadenaron la crisis, pero defienden el antiguo paradigma, realizando adaptaciones ad-hoc, de tal modo de explicar los hechos nuevos como casos especiales del mismo paradigma. De este modo no es necesario cambiarlo, según ellos. Por otra parte, quienes postulan los esbozos de un nuevo paradigma presentan sus investigaciones como un progreso, postulando el abandono del antiguo paradigma en aras del avance de la disciplina. Se produce un conflicto, entonces, semejante al conflicto político, según Kuhn. Este sentimiento de insatisfacción desencadena el clima apto al cambio y la revolución. Kuhn postula que el debate no tiene solución racional, debido a que ambas escuelas ya no tiene un área de estudios común, con la aparición del nuevo paradigma. Cada una argumenta de forma circular en base a su propio paradigma, el que precisamente es rechazado o incomprendido por la escuela rival. Ambas escuelas observan el mundo de modo diferente, y en cierto modo, habitan mundos diferentes. Según muestra la historia, la resolución de este debate no se encuentra al interior de la disciplina misma, sino que surgirá necesariamente del exterior de ella: de la conducta práctica de la mayoría creciente de los investigadores de la disciplina. Paradojalmente, la controversia se resuelve fuera de la disciplina académica de, por ejemplo, la física; se resuelve a través de la conducta práctica de los físicos.

1.5. Incomunicación entre Escuelas con Diferente Paradigmas. En la astronomía occidental durante muchos siglos nunca se percibió cambios en el cielo, pues en el paradigma antiguo el cielo era considerado inmutable. El paradigma influye en “el mundo” que es posible observar. Ahora bien, después del cambio de paradigma que trajo Copérnico, durante los cincuenta años siguientes ¡los astrónomos occidentales vieron por primera vez muchos cambios en el firmamento! Kuhn sugiere que una comunidad unida en torno a un paradigma funciona como una comunidad lingüística. Durante la crisis de paradigma, los rivales son como dos comunidades de lenguas diferentes, donde se va perdiendo la posibilidad de comunicación profunda y real. Aunque se pronuncien frecuentemente los mismos términos, ellos han comenzado a significar cosas distintas, en cada escuela. La única posibilidad de contacto real entre dos comunidades de diferente paradigma sería una operación de “traducción” entre ambas escuelas, que es la operación que precisamente intentará realizar en su momento el historiador de la ciencia.

2.- Síntomas de una Crisis en el Paradigma Tradicional de la Sexualidad Católica.
Describimos ideas de Kuhn que nos parecen iluminadoras para observar lo que puede estar ocurriendo en el campo de la moral sexual católica. Puede pensarse a la comunidad católica como una comunidad de pensamiento análoga a una “comunidad de estudios” en lo que respecta a su conceptualización moral. La comunidad de los teólogos sería el grupo más especializado de esta comunidad. ¿Qué ha ocurrido en esta comunidad, respecto a la sexualidad, en el último siglo?

2.1.) Aparición de Nuevos Hechos y Conocimientos. Nos parece que la irrupción de dos nuevos descubrimientos desencadenaron abiertamente una crisis en la manera de pensar la sexualidad católica, aunque su radicalidad posiblemente no fue evidente al comienzo. Estos acontecimientos habrían sido: a) el descubrimiento mas preciso de los días infecundos en el ciclo la mujer en los años treinta y b) el descubrimiento de la píldora anticonceptiva, unas décadas después. Estos hechos, especialmente el segundo, estimularon la reflexión moral católica, impactada por estos nuevos desafíos de la ciencia moderna. Se produjo una concentración de estudios en esta zona de interés renovado para los investigadores, impulsados a su vez por el interés de los laicos en esta nueva realidad recién descubierta. El hecho de que se descubriera que la mayor parte de los días del ciclo femenino eran infecundos era ciertamente un hecho “extraño” para el paradigma tradicional. Antes siempre se pensó que el fin primario de la vida sexual creada por Dios era la procreación, lo que hasta entonces parecía obvio. Resulta ahora que la procreación es imposible la mayor parte del ciclo, según descubre la ciencia. ¿Cómo comprender esta recién descubierta sexualidad infecunda, en el plan de Dios? Parecía no ser ya tan evidente que la sexualidad conyugal estuviera ordenada esencial y “primariamente” a la procreación. Eran nuevas preguntas. Prudente y razonablemente, la autoridad permitió a los esposos “usar” de los días infecundos. Pero tal vez no se percibió entonces que el paradigma mismo estaba siendo cuestionado en su coherencia interna, al permitirse relaciones sexuales intencionalmente infecundas. La antigua centralidad de la procreación empezaba a eclipsarse mientras que la importancia del amor y del placer crecían lentamente.

Los nuevos acontecimientos remecieron el paradigma tradicional sobre la sexualidad. A muchos autores les parecía que el antiguo paradigma no parecía dar cuenta satisfactoriamente de los nuevos acontecimientos. Los nuevos descubrimientos permitían ahora dominar racionalmente la fecundidad y el número de hijos, por parte de los padres, responsablemente. La tradicional familia numerosa, tan apreciada por la tradición y que parecía asegurada hasta entonces por las anteriores prácticas y conocimientos, aparecía ahora en peligro. Los padres ahora podían disponer de procedimientos prácticos (el ritmo, la píldora) notablemente mas efectivos que los tradicionales métodos anteriores (que eran la continencia y el coitus interruptus, este último siempre rechazado). Se suman luego mas hechos “anómalos”: algunas parejas honestas y devotas comienzan a usar los nuevos métodos, considerándolos aceptables moralmente. El impacto de los nuevos conocimientos modernos fue tan grande y sorprendente que la antigua doctrina condenatoria de los métodos anticonceptivos quedó como transitoriamente en suspenso en la práctica, si bien siguió vigente en los códigos escritos. Varios teólogos y obispos se mostraron permisivos frente a los nuevos métodos. Siguiendo a Kuhn, postulamos que en la cristiandad, en la década de los sesenta, se produjo un sentimiento de que el paradigma vigente no parecía dar cuenta cabal de los nuevos hechos recién descubiertos. El edificio teórico construido por mas de un milenio que solo había sufrido pequeños completamientos y adaptaciones a lo largo de muchos siglos, parecía temblar ante los nuevos desafíos. Sugerimos que en esos años el pensamiento católico sobre la sexualidad entró en una crisis de paradigma de la cual no hemos terminado de emerger.

Algunas parejas católicas usaron inicialmente anticonceptivos para distanciar el riesgo de un próximo embarazo, después del nacimiento de un niño. Parecía saludable y bueno separar los partos sucesivos dos o tres años, según aconseja la medicina y la psicología. ¿Acaso Dios podría querer que naciera un niño apenas diez meses después de otro, abrumando a la madre y la crianza, como a veces ocurría antes de los anticonceptivos? Eran hechos y posibilidades nuevos a pensar, que irrumpieron desde la ciencia.

2.2. Pensamiento Innovador previo a Humanae Vitae. Para incorporar lo nuevo, los investigadores fueron afinando hipótesis, realizaron acomodaciones e innovaciones con el fin de pensar los nuevos acontecimientos a la luz de la fe cristiana de siempre. Sugerimos que en esta elaboración teórica y moral algunos de los investigadores fueron gradualmente deslizándose hacia un nuevo paradigma moral de la sexualidad, quizá sin ser plenamente conscientes inicialmente de la revolución de paradigma que estaban protagonizando.

Nos parece que uno de los lugares donde los investigadores efectivamente presintieron la profundidad de los cambios paradigmáticos que estaban enfrentando fue entre los miembros de la Comisión Pontificia para el Estudio de la Regulación de la Natalidad. El Concilio resolvió renunciar a resolver el tema de la regulación de los nacimientos, dejando el tema al Papa, asesorado por esta comisión de expertos. Esta Comisión debía entregar estudios y recomendaciones al Papa, en forma reservada. Pues bien, al interior del grupo, se hicieron notables avances en dirección a una innovación conceptual en el tema sexual católico, en el sentido de la aceptación moral de los métodos anticonceptivos, como posibilidad para de los esposos católicos de regular la natalidad. Las reflexiones de los laicos casados, también de médicos, ginecólogos, sociólogos y diversos especialistas integrantes y en especial el persuasivo testimonio de las mujeres de la Comisión, fueron gradualmente impresionando a los teólogos y obispos de la Comisión, la mayoría de los cuales eran inicialmente renuentes a admitir un cambio en esta materia. Sin embargo, el trabajo conjunto fue persuadiendo a la mayoría de ellos a adoptar una nueva postura, incluyendo a los sacerdotes (obispos y teólogos), hasta el punto que al final la Comisión se pronunció por aceptar la posibilidad de la anticoncepción, proponiendo un desarrollo y una revisión de la doctrina anterior. Podemos pensar que aquí se produjo una conversión cognitiva o persuasión de las personas a un nuevo paradigma, en términos de Kuhn.

Ahora bien, ocurrió que los miembros norteamericanos, en medio de sus estudios solicitaron a Roma la inclusión en el equipo de un teólogo experto en teología fundamental (la Comisión incluía ya a eminentes moralistas, como Haring, Fuchs y Auer) Visto desde hoy, la solicitud de un teólogo experto en las materias básicas de la fe, nos parece un síntoma significativo de la percepción de que un progreso moral en el tema sexual no quedaba limitado a un sector periférico de la vida religiosa, sino que afectaba aspectos mas amplios de la fe religiosa, al nivel de lo que aquí hemos llamado el paradigma. Pareciera que los miembros americanos de la Comisión necesitaban poder pensar de modo mas abarcativo, invitando a un teórico experto en paradigmas y no solo contar con expertos en el campo restringido de la moral. Lamentablemente no se otorgó el teólogo solicitado. (Tiempo después, Hans Kung sugirió que esta podría ser una de las causas profunda del fracaso de la Comisión, por limitarse al tema moral y no percibir que estaba en juego un tema de teología fundamental. )

Significativamente, al interior de la Comisión la mayoría de los miembros se fueron persuadiendo de la postura innovadora. Al final, todos los laicos de la Comisión estaban por el cambio, pese a que varios de ellos eran especialistas y algunos incluso conducían hasta entonces programas de regulación de la natalidad de tipo natural, pero su experiencia los había hecho evolucionar. Sin embargo, una muy pequeña minoría de sacerdotes se mantuvo en su rechazo a innovar. Siguiendo nuestra hipótesis de trabajo, podemos pensar que en el seno de la Comisión se fueron formando entonces dos “pequeñas escuelas” que quedaron finalmente incomunicadas. Por la ruptura del dialogo, las recomendaciones finales fueron dobles y contradictorias: una conclusión de mayoría, innovadora y otra de minoría, tradicionalista. Los informes finales eran confidenciales pero, afortunadamente para los historiadores, pronto se hicieron públicos. Esta incomunicación entre escuelas rivales al interior de la Comisión, nos parece comprenderse mejor desde las teorías de Kuhn: sugerimos que al final cada grupo ya pensaba desde un paradigma diferente. Ya no era posible el dialogo real, surgiendo inevitablemente el malentendido, incluso entre personas notables tanto humana como religiosamente. Sugerimos que los documentos finales pueden ser leídos en clave de paradigmas diferentes ya inconciliables.

2.3. Perfilamiento Gradual de Dos Corrientes. Otro síntoma de que en la discusión de la moral sexual se toca un nivel mas profundo, de debate entre paradigmas, es la creciente incomunicación de los dos grupos que comienza gradualmente a perfilarse también en la comunidad católica amplia. Los primeros teólogos innovadores aceptaron los anovulatorios para distanciar el nacimiento del siguiente hijo y permitir un mejor espaciamiento de los embarazos. Se van sumando poco a poco mas voces, incluso de autores importantes y prestigiados de los que nadie puede dudar su preparación y fe. Se va enriqueciendo la discusión integrándose ideas y planteos nuevos de los autores innovadores. Un autor como Valsechi, quién hace un documentado resumen de los diez años de discusión teológica previa a la resolución sobre la píldora, señala que los autores innovadores, entre los que él mismo se cuenta, elaboran ideas que, en su opinión, no son respondidas en lo sustancial por los tradicionalistas que se les oponen. Vale decir, los innovadores aportan nuevas razones pero los tradicionales no responden a esos argumentos y solo insisten en lo mismo de siempre. Damos por descontado la buena formación y voluntad de los representantes de ambas posturas rivales. Si la comunicación profunda no se establece, siguiendo nuestra hipótesis, sugerimos que puede haberse producido lentamente un deslizamiento del suelo teórico en el que los rivales discutían, quedando gradualmente en distintas perspectivas y empiezan a hablar de cosas distintas, sin encontrarse. Unos dan argumentos nuevos. Los otros insisten que el cambio es imposible, sin detenerse a examinar la posible fuerza de los argumentos aportados, pues les parecen, seguramente desde su propio paradigma, no pertinentes o irrelevantes. No entramos aquí a los detalles del debate, pues queremos describir sus rasgos generales.

Otro rasgo del funcionamiento de la ciencia al interior de un paradigma es la frecuente existencia de afirmaciones circulares. Se afirma algo porque esta confirmado por el paradigma mismo, constituyendo una tautología, funcionando al modo de una definición. Las definiciones establecen una verdad, simplemente, y no se pueden corregir. Muchas aseveraciones normales en la ciencia suelen ser de este tipo, según Kuhn. Demos un ejemplo de afirmación circular o tautológica, pero plena de sentido en el paradigma tradicional de la moral católica: “estando el acto conyugal destinado, por su misma naturaleza, a la generación de los hijos, los que en el ejercicio del mismo lo destituyen adrede de su naturaleza y virtud, obran contra la naturaleza” Vale decir: como es natural tener hijos, no tenerlos es anti-natural. La conclusión no agrega conocimiento, solo duplica la premisa inicial. Es el terreno de lo obvio. Los tradicionalistas de la Comisión Pontificia de Estudios de la Natalidad reconocieron hidalgamente que no podían fundamentar racionalmente su postura, de la que sin embargo estaban completamente seguros: “si pudiéramos aportar argumentos claros y convincentes por la sola razón, no sería necesaria nuestra comisión ni se daría en la Iglesia el presente estado de cosas” También pensamiento tautológico de los tradicionalistas: “La Iglesia no puede modificar su respuesta porque esta es verdadera….la doctrina en si no puede no ser verdadera. Es verdadera porque la Iglesia…no ha podido equivocarse de una manera tan nefasta a lo largo de todos los siglos…” El razonamiento no es erróneo sino solo basado en el paradigma, que es lo que le da sustento, pues se da por sentado. Al convencido le parece natural; al no convencido, no le aporta nada (o bien le parece ver una debilidad en la argumentación, pero ya desde otro paradigma).

Al abandonarse un paradigma, se abandonan con él muchas definiciones que dependían de él, y que se afirmaban en el pasado tautológicamente. Pues el paradigma funciona como una matriz disciplinaria, que establece lo que es apropiado (o inapropiado) a realizar en el ámbito de la disciplina inspirada en él. Ahora bien, en la sexualidad católica una de las reglas o postulados tradicionales esenciales –si bien relativamente reciente en el tiempo- es la unión indisoluble del amor y la fecundidad, en cada acto sexual. Pareciera que no se la sabe demostrar racionalmente, simplemente “es así” (obvia para quién la percibe) y sirve de fundamento a muchos desarrollos. En el paradigma innovador, en cambio, esta regla simplemente no existe, pudiendo separarse perfectamente estos dos significados (es decir, el amor de la fecundidad) en ciertos actos conyugales, lo que permite pensarlos y abordarlos de nueva manera. Sugerimos que esto no es simplemente inmoralidad (como piensa el otro paradigma) sino algo quizá mas radical (epistemológicamente) y atemorizante: se esta hablando ya desde otro paradigma. Con respecto a la sexualidad católica, se observa entonces una creciente y duradera dificultad para comunicarse eficazmente entre las dos posturas diferentes. En el paradigma tradicional, decíamos, la unidad amor/fecundidad es un pre-requisito de cualquier acto moral; una especie de axioma, de postulado no demostrado sino que sirve para demostrar. En cambio, el paradigma innovador no contiene esta premisa, la considera no fundamentada y en consecuencia se guía por otros criterios para determinar la moralidad de un acto. No profundizamos aquí en los complejos puntos doctrinales envueltos, solo buscamos mostrar que hay latente un debate de paradigmas no explicitado.

Periódicamente, en jornadas y sínodos se plantean desde las comunidades locales nuevas posturas y demandas de revisión, incomprendidas y rechazada por el paradigma tradicional, como es previsible. Periódicamente son corregidos algunos moralistas innovadores, por salirse del paradigma tradicional, lo que resulta lógico. No cabe hacer remiendos entre dos paradigmas, es uno u otro. Ese es el dilema. En la sexualidad católica, la crisis de paradigma se quiso resolver mediante la fuerza persuasiva de la autoridad papal, como sabemos, lo que parece no haber funcionado del todo en la práctica de los fieles comunes. Un paradigma se instala por conversión y asentimiento interno, lo que es imposible de lograr por una decisión política o judicial, que se puede acatar exteriormente, pero sin necesariamente convencer. En definitiva solo el convencimiento es adecuado para la adopción de un paradigma lo que a la larga se expresa en la conducta real de los miembros de una comunidad.

2.4. Debate sobre Sexualidad en el Concilio. Un episodio vivido en el Concilio nos parece revelador de un posible debate de paradigmas subyacente y no solo de un detalle específico de moral. En una sesión tomaron la palabra cardenales y obispos importantes, aludiendo al problema moral que muchos católicos estaban viviendo en lo referente a la sexualidad, señalando una dirección renovadora Según Leger, la fecundidad “es un deber relacionado, no tanto con cada acto en particular, como con el estado mismo del matrimonio” Les siguen en la misma orientación, al día siguiente, otros obispos. Máximos, de 86 años decía ya en esa época, sobre la anticoncepción: “Aquí tenemos un conflicto entre la doctrina oficial de la Iglesia y la práctica contraria de la vasta mayoría de las familias católicas. Una vez mas, la autoridad de la Iglesia es cuestionada en gran escala” Pues bien, como sabemos el tema del control de la natalidad fue restado del debate conciliar, por parte de la autoridad romana.

El cardenal Suenens usó una expresión muy particular, al dirigirse a los padres conciliares. “Les ruego, mis hermanos obispos, no permitamos un nuevo caso Galileo. Uno es suficiente para la iglesia.” Significativa mención a un científico que había desafiado el paradigma cultural de su tiempo. Desde nuestra perspectiva de estudio, Suenes había percibido lo que podía estar en juego en la sexualidad y quería evitar a la Iglesia un error que, según él, podía ser semejante al cometido en tiempos de Galileo. Sugerimos que el cardenal habría acertado en diagnosticar la crisis de paradigma en que el pensamiento católico se encontraba en relación a la sexualidad. Pero falló en su propósito y muy luego sus temores se cumplieron. Pareciera que la Iglesia oficial, como antaño, optó por lo mas frecuente en una gran institución: reiterar lo antiguo y familiar, rechazando lo nuevo y extraño. Como sabemos, las nuevas técnicas de la medicina –los fármacos hormonales- que permitían dominar mejor la fecundidad humana fueron excluidas en 1968, rechazo reiterado posteriormente.

2.5. Autoridad Central versus Autoridad Colegial. Otro episodio del Concilio nos parece indicador de un debate propio de paradigmas. Gaudium et Spes es uno de los documentos innovadores del Concilio, texto que incluye importantes avances en la comprensión religiosa de la sexualidad y el matrimonio. Pues bien, a última hora los sectores mas tradicionalistas intentaron reiterar la doctrina clásica sobre la anticoncepción, por fuera de los debates conciliares. Como es sabido, los textos recibieron varias redacciones sucesivas, en las cuales se incorporaban gradualmente las sugerencias de cambios de los obispos. Estando muy avanzado el proyecto de texto definitivo, a última hora, a través de cuatro enmiendas firmadas por el Papa en una carta a la comisión redactora, se intentó zanjar los puntos en estudio a favor de la postura tradicional, por fuera de los procedimientos regulares de redacción. Se buscó reafirmar la doctrina de Pío XI y XII lisa y llanamente, lo que causó “consternación” en la comisión redactora ”. El Concilio había decidido que un estudio posterior definiría mas adelante el tema de la anticoncepción. Las enmiendas intempestivas buscaban dejar el tema zanjado ya en las postrimerías del Concilio, lo que dejaría sin libertad al estudio posterior ya en curso. Los redactores se atrevieron a rechazar lo medular de estas enmiendas, construyéndose como compromiso la comentada nota 14, que dejó el tema de la anticoncepción relativamente abierto para mas adelante. Nos parece que esta rivalidad política en torno a un documento revela que hay aquí un punto difícil de zanjar por la razón, surgiendo entonces el recurso al poder, lo que, siguiendo nuestra hipótesis, es típico de la angustia generada en los debates sobre un paradigma.

Otro elemento sugerente de un conflicto de paradigmas, es un tema que surge regularmente a este respecto: el de la autoridad de la Iglesia. Los tradicionales sostienen que un cambio de doctrina, entre otras razones, no es aceptable porque debilitaría seriamente la autoridad del magisterio en este y otros temas en el futuro. Los innovadores replican que un cambio que honra la verdad, mas bien fortalece la autoridad y que, por el contrario, insistir en una formulación inadecuada ya a la época, la compromete mas seriamente. De la primera afirmación haríamos una matización. Si la autoridad realiza un cambio y un desarrollo en lo moral, mas que debilitarse la autoridad institucional, ocurre quizá algo que en cierto modo es vivido como peor por la sensibilidad tradicional: se debilita el propio paradigma tradicional. Y esto es quizá inaceptable para los espíritus formados en ese paradigma por toda una vida. Pues un cambio de paradigma implica una revisión profunda de la perspectiva con que se percibe el mundo, revisión que expone a la incertidumbre y la ansiedad. Nos parece entonces que en esto puede estarse confundiendo la dimensión de la autoridad con la dimensión mas general del paradigma. Se confunde el poder político institucional con el sistema teológico que lo enmarca, dimensiones que están en niveles lógicos diferentes, aunque en relación. La minoría tradicionalista cree defender la autoridad, pero en nuestra opinión quizá esta defendiendo el paradigma tradicional del cual la estructura de autoridad es una de sus componentes parciales.

Es cierto que al caer el paradigma tradicional sobre sexualidad se opera en cierta medida una revolución -al menos cultural- en la comunidad, por lo que es natural que la autoridad adherida al paradigma clásico se resista. Por eso es comprensible que aquí emerja espontáneamente el tema de la infalibilidad. Casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que este tema sexual no pone en juego la infalibilidad, pues se trata un tema específico de moral que no sería central a la fe. Sin embargo, en la práctica pareciera que no se acepta de ningún modo un cambio por parte de los espíritus tradicionales (como si anteriormente se hubiera actuado infaliblemente, de hecho). A nuestros ojos no está en juego la infalibilidad sino la suerte de un paradigma concreto, es decir un sistema global de comprensión y conducta, pero históricamente situado y propio de una época. Pero se trata aquí de un tema de fondo, estratégico, que inspira temor si hay cambios. Los innovadores, hombre de fe probada, postulan cambios que ven congruentes por completo con su fe, expresada en formas que les parecen adecuadas a la época moderna. Los tradicionalistas, a su vez hombres íntegros, se resisten en parte porque ven amenazada la única forma de fe que conocen: el paradigma tradicional (incluyendo determinada visión sobre la sexualidad.)

2.6. Resistencia al Nuevo Paradigma sobre la Sexualidad. Es comprensible que los investigadores comprometidos de por vida con un paradigma que les ha resultado fecundo, se resistan al cambio. Darwin enunció su teoría de la evolución consciente de que sus contemporáneos la rechazarían y confió en las generaciones futuras de investigadores. Kuhn describe que en la historia a veces se necesita mas de una generación para la aceptación generalizada de un nuevo paradigma.

El Cardenal Heenan no conocía estas regularidades del progreso del pensamiento cuando en una ocasión se indignó en la Comisión Pontificia de Estudios de la Natalidad, al constatar que había una gran mayoría a favor del cambio (a la que el mismo, por lo demás, se había plegado). Se irritó al constatar que no se había logrado la unanimidad completa. Pues para Heenan, lo único que impresionaría realmente al Papa, era el consenso unánime. Si este no se alcanzaba, para él equivalía a un fracaso total. Y en efecto así ocurrió, la gran mayoría innovadora de la Comisión fracasó finalmente en convencer al Papa. Avanzados los debates, solo 4 de los teólogos consideraron la anticoncepción como “intrínsecamente mala” contra una significativa mayoría de 15 que ya no la veían más así. En realidad el consenso completo en una disciplina, puede tomar muchos años, según Kuhn. La experiencia de la comunidad católica en torno a la anticoncepción parece darle la razón a este historiador, a este respecto. En el momento que la Comisión trabajaba, la mayoría a favor del cambio que fue surgiendo en su interior ya era, por si misma elocuente, considerando que, si bien en su composición se había incluido personas de ambas corrientes, sus integrantes fueron cuidadosamente seleccionados. Para asegurar la seriedad de sus conclusiones en la última y quinta jornada de reuniones de 1966 el Papa había agregado 14 obispos y cardenales de alto nivel.

En la Comisión se alcanzó finalmente una mayoritaria aceptación de los métodos de anticoncepción en caso de ser esta la decisión adoptada en conciencia por los esposos. Todos los miembros laicos recomendaron esta innovación de la doctrina (31 expertos y expertas de todo el mundo, incluyendo tres matrimonios). Además, significativamente el 80% de los teólogos y el 60% de los Obispos y Cardenales de la Comisión recomendaron en esa oportunidad una innovación de la doctrina sobre la regulación de la natalidad, aceptando los nuevos métodos. Puede analizarse la opinión final desde una perspectiva sociológica, según el rol sexual del que toma la decisión. Todos los que vivían la posibilidad de una sexualidad fecunda concordaron en la necesidad de un cambio, los laicos. Quienes se resistían al cambio se reclutaron en la categoría de quienes habían renunciado al ejercicio de la sexualidad fecunda, es decir eran célibes. Veamos otra dimensión sociológica de análisis: la del poder. Se dió una máxima resistencia al cambio, en los niveles de mayor poder político (obispos). Los teólogos, que pertenecen al mundo académico posiblemente están mas preparados por formación para eventualmente cuestionar sus propias premisas y construir otras. Por fin, todos los miembros de menos poder relativo, los laicos, estuvieron por el cambio, lo que no afectó la decisión institucional final, es decir, del conjunto de la Iglesia, como sabemos. Aquella decisión sorprendentemente unánime de los expertos laicos de hace cuarenta años, vista desde hoy, quizá pueda iluminar la conducta coincidente que en la práctica parecen haber adoptado muchos fieles desde entonces, al margen de lo prescrito. Es necesario agregar que esta concordancia se ha dado en forma espontánea y es por lo mismo más significativa, ya que las conclusiones de la Comisión fueron casi desconocidas para el gran público.

Podemos preguntarnos porqué se formó esta Comisión Pontificia, si finalmente sus conclusiones se descartaron en lo esencial. Nos parece ver aquí una señal de diferentes paradigmas, esta vez en lo organizacional. La Comisión fue formada por Juan XXIII, conservada y ampliada por su sucesor. Pareciera que ella nació de un espíritu colegial afín al del Concilio. Pero finalmente no logró el grado de compromiso y transacción en sus conclusiones como para aunar exitosamente posiciones, siendo este su gran y quizá decisivo fracaso. A diferencia del debate conciliar, la Comisión no tenía poder propio. Solo prestaba una asesoría reservada a una autoridad unipersonal que, ella si, tenía el poder final. La Comisión era una institución híbrida, a medio camino entre el dialogo colegial y la subordinación a una autoridad soberana. El debate al interior de ella quizá fue enriquecedor pero institucionalmente pareciera que no se supo bien que hacer con sus resultados. Nos llama la atención un relativo silencio en la literatura sobre ella, como si incomodara. ¿Acaso fue la Comisión demasiado innovadora por el solo hecho de funcionar, y la institución global aun no estaba preparada?

2.7. Reacción de Obispos y teólogos. Otro elemento significativo para nuestra perspectiva de análisis, fue la reacción de obispos y teólogos después de conocida Humanae Vitae. Muchas Conferencias hicieron precisiones pastorales matizando las recomendaciones de la encíclica. Esto podría ya estar expresando una crisis subyacente de paradigma. ¿Se habría perdido ya el “suelo común” para pensar la sexualidad y la anticoncepción? Se ha minimizado este desacuerdo como correspondiendo a niveles diferentes, el doctrinal y el pastoral, distinción quizá discutible. A los pocos días de publicada, surgieron listas de teólogos cuestionando la encíclica en USA, número que rápidamente llegó a los 600. Siguiendo la perspectiva de Kuhn, podemos pensar que allí se desplegaron tardíamente “escuelas” de pensamiento rivales. Este debate fue duro y tuvo costos. Después de algunos años se calmó, restableciéndose el orden, pero de vez en cuando se reaviva, señal de que el tema parece no estar zanjado definitivamente de modo convincente, como en el Sínodo de la Familia de 1980. Periódicamente surgen voces que piden una revisión de las decisiones vigentes sobre sexualidad, matrimonio y familia. Entre otros obispos, el arzobispo John Quinn, presidente de la Conferencia Episcopal de USA, pidió con fundamentos empíricos y teológicos una revisión de estos temas en 1980.
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2.8. Sacralidad del Origen de la Vida en el paradigma Tradicional. Aquí avanzamos una hipótesis por nuestra parte. Las encíclicas suelen ser encabezados con palabras que señalan directa y sobriamente el tema en cuestión, lo que ocurre en textos sobre el trabajo (Laborem Exercens) o la mujer (Mulieris Dignitatem). El documento final (de mayoría) de la Comisión Pontificia de Estudio del Regulación de la Natalidad comprensiblemente titula su propuesta innovadora Sobre la Paternidad Responsable, con términos que describen su tema. Pues bien ¿cómo titula Roma su decisión final sobre el tema de la anticoncepción?: Sobre la Vida (Humanae Vitae).Nos preguntamos ¿porqué este deslizamiento desde el hecho acotado de la generación humana hacia el hecho mas general de la vida? Esta opción, que obviamente es meditada, nos parece un indicio sutil de que nos encontramos ante paradigmas diferentes. Para el pensamiento tradicional parece no haber diferencias sustanciales entre el comienzo de la vida, es decir su “fuente”, y la vida misma; entre la capacidad procreativa humana y la vida humana propiamente tal, como en un todo o nada. Todo en la procreación parecería importante para esta perspectiva tradicional. El espacio del encuentro conyugal fecundo sería una suerte de espacio sagrado, para esta visión, donde surgiría la vida inmediatamente creada por Dios, no siendo posible al hombre intervenir por respeto. Alrededor de la concepción humana habría como una atmósfera que inhibe toda posible manipulación y artificio humano. Manipular la procreación sería semejante a atentar contra la vida. Para los innovadores, por el contrario, se puede perfectamente intervenir en el proceso generativo pues les parece propio del hombre la facultad de dominar y humanizar la naturaleza, también en el ámbito sexual. Nos parece que se trata aquí de dos miradas teóricas que no se superponen, inconmensurables, que llevan al malentendido y la incomunicación.

Pareciera que el valor más sagrado del paradigma tradicional de la sexualidad sería el poder de fecundidad, lo que sería percibido como lo más próximo a la divinidad: pro-creación. El placer, por contraste, ha sido lo que ha inspirado la más profunda desconfianza a la visión tradicional. Recordemos que el amor en el matrimonio no fue considerado importante por muchos siglos, cierto que en común acuerdo con la cultura mas amplia. Solo en los últimos siglos emergió el amor como importante, lo que fue gradualmente reconocido en los textos del magisterio. Sugerimos que el postulado de que el amor y la fecundidad siempre deben ir unidos, puede haber funcionado como una suerte de concesión, como un ajuste de compromiso para salvar el paradigma antiguo, que antes siempre había privilegiado unilateralmente la fecundidad. Se acepta así la centralidad moderna del amor pero a condición de quede enlazado indisolublemente a la fecundidad. Se aprueba el amor al precio de una carga: la fecundidad. Recordemos que Dombs, quién inicialmente planteó con fuerza el amor como centro de la vida conyugal, fue inicialmente rechazado, si bien fue uno de los que inauguró la dignificación del amor conyugal lograda finalmente en el Concilio Vaticano II. Sugerimos que este reciente postulado – la conjunción inquebrantable de amor y fecundidad- habría permitido incluir el amor como nueva dimensión conyugal, conservando al mismo tiempo el rol milenario y privilegiado de la fecundidad, que siempre fue lo mas santo, para la visión tradicional. Por siglos fue en verdad lo único santo y lo que excusaba la sexualidad.

En nuestra línea de investigación, otro gran ajuste previo para salvar el paradigma antiguo, nos parece ser el realizado por Pío XII, al aceptar la legitimidad de la continencia periódica en 1951. Esto nos parece un paso creativo de enorme significación, pues es sabido que esa práctica conyugal había sido violentamente condenada por Agustín y la tradición como inmoral, prohibición que había durado mas mil años. Esta parecería haber sido la primera gran innovación y desarrollo doctrinal desde Agustín. Sugerimos que con esta decisión de 1951 habría comenzado la trizadura del paradigma tradicional al más alto nivel: por primera vez en la historia el magisterio aceptaba relaciones sexuales intencionalmente infecundas (siguiendo el método del ritmo.) Esto era inédito siendo uno de los primeros “hechos anómalos”, en nuestra perspectiva. El amor y el placer conyugal encontraron por fin un espacio legítimo en la moral sexual, si bien discretamente y sin ser nombrados. Mucho de lo que vendría después nos parece, desde el punto de vista lógico, un desarrollo de esta primera y quizá inadvertida aceptación oficial del placer y del amor como única motivación para la unión conyugal, al menos por ciertos días.

Diríamos que en este terreno efectivamente se ha cumplido la “no parvedad de materia” clásicamente atribuida a la moral sexual. Esta vez se invierte la aplicación, ahora en un sentido liberalizador. Al aceptarse por algunos días las relaciones infecundas (es decir, exclusivamente motivadas por amor y placer) se derrumba ipso facto –si bien inadvertidamente- el privilegio milenario de la fecundidad. Hay situaciones de la vida en que las que efectivamente no hay “parvedad de materia”: es si o no, en términos absolutos. En la sexualidad lo importante, lo primario ¿es la fecundidad, o bien ya no lo es más? Pues bien, si no lo es en una parte de los días, es que ha perdido su sitial intocable. Es como un rey que ya no gobierna en una parte de su territorio (o no gobierna algunos meses del año). Aquí lo poco equivale a todo, como rezaba el viejo adagio, que parece tener una sabiduría. El amor y el placer parecen haber llegado por sus fueros, para no marcharse. La fecundidad que había sido victoriosa absoluta por mas de mil años, parece que debe aceptar en adelante con humildad unas “hermanas” –unas iguales- que jamás toleró. Esta es una dimensión de la revolución copernicana que nos parece observar en la sexualidad católica moderna. ¿Cómo descubrir en la moral sexual las nuevas formas de convivencia del clásico valor de la fecundidad, con los recién llegados, el amor y el placer? Este es el nudo crucial. Quienes sostienen el paradigma tradicional parecen querer subyugar lo nuevo a los antiguos principios. En cambio los innovadores se arriesgan a pensar de nuevas maneras, tal vez a tientas y en búsqueda. Aquí solo apuntamos a problemas densos, señalándolos como elementos de un panorama general en movimiento.

Para mostrar el funcionamiento orientador de un paradigma, veamos problemas concretos con los que se confrontan. Varios autores, incluso tradicionalistas, estuvieron de acuerdo en que, en ciertos países en convulsiones políticas y violencia extrema, las religiosas en riesgo de sufrir una violación, usaran legítimamente anticonceptivos para prevenir un embarazo. Pero de este caso extremo, algunos autores innovadores deducían que la situación era aplicable a otra semejante: la de la esposa presionada y obligada por el marido a unirse a él, aún cuando debiera abstenerse. En el caso de una mujer que pudiera enfermar gravemente en caso de un nuevo embarazo, los tradicionalistas plantean que se debe recurrir a la abstinencia como único método, rechazando la esterilización. Por su parte, los innovadores aceptan que la pareja recurra a la esterilización quirúrgica, de modo de conservar su vida sexual, necesaria al amor conyugal. Un nuevo paradigma es una nueva perspectiva de mirar los problemas y deduce nuevas soluciones a viejos problemas. Hasta ahora algunas de las soluciones aportadas por los autores innovadores son consideradas oficialmente como irregulares y en consecuencia reprobadas. Describimos aquí el debate quizá no resuelto definitivamente entre paradigmas, sin profundizar aquí en los distintos temas doctrinales, solo apuntados.

2.9. La “verdad” tradicional versus “la verdad” de los innovadores: una crisis reconocida. El año 1993 se escribió la encíclica Veritatis Splendor para fundamentar oficialmente la moral sexual tradicional, según varios autores. Allí se intenta “afrontar lo que sin duda constituye una verdadera crisis, por ser tan graves las dificultades derivadas de ella para la vida moral de los fieles”(nº5,subrayado en original). (El presente trabajo es un intento de reflexión sobre esta crisis, desde una perspectiva epistemológica.) En la encíclica se reconoce la aspiración de la teología a ser una ciencia que responde “a las exigencias de la razón humana”(nº29). Significativamente, se nombra el concepto de “mal intrínseco” nada menos que 16 veces, noción que se busca fundamentar, en especial respecto a la sexualidad y la malicia de la anticoncepción.

Ahora bien, veamos cual es la reacción de uno de los teólogos morales mas respetados del siglo XX, Bernard Häring, que podría ser considerado innovador y partidario de un nuevo paradigma en la sexualidad. Recordamos que no entramos en el fondo del debate sino solo apuntamos señales de un conflicto de paradigmas. El moralista ve en este texto un objetivo: “que el uso de cualquier medio artificial de regulación de la natalidad es intrínsecamente malo y pecaminoso, sin excepción, incluso en circunstancias en que la contraconcepción podría ser un mal menor” El teólogo lamenta no ver recogidas en la encíclica lo que le parecen son las reflexiones auténticas de la teología moral moderna. Según Häering, la autoridad estaría consciente de que “la gran mayoría de las personas no pueden estar plenamente de acuerdo con esta prohibición absoluta de la contracepción, que se oponen al énfasis con el que viene inculcada y no pueden seguir los argumentos con los que se apoya. La mayor parte de los moralistas, probablemente, es de la misma opinión.” En nuestra línea de análisis, en esta polémica hombres excepcionales e íntegros parecen haber perdido el espacio común necesario para el diálogo, deslizándose en la dimensión del malentendido o bien de la autoridad que subordina. Recuerda Häring que un teólogo moral innovador llegó a ser papa, Juan Pablo I, alegación en la que vemos un argumento mas bien político a favor de la innovación, es decir de autoridad y no propiamente racional. Con todo, la jerarquía, con autoridad plenamente válida insiste en su discurso moral como verdad absoluta. Nos parece ver aquí señales de un “no diálogo”, un malentendido que nos parece comprenderse mejor, según sugerimos, como un debate de paradigmas no explicitado, en que las palabras probablemente ya no significan lo mismo para los que discuten. Para ambas visiones parecen ser por completo diferentes, por ejemplo, la ley natural, el respeto a la generación, la actuación de Dios en la concepción de un ser humano.

3.- Las Escrituras: El Caso de un Nuevo Paradigma Aceptado.
Hace relativamente poco tiempo, hubo una “revolución” en el modo de tratar nada menos que las Escrituras. Se incorporaron nuevas formas de exégesis, como el método histórico-crítico, que modificaron las maneras de tratar los antiguos textos permitiendo leerlas de “nueva manera.” Pues bien, este progreso en la lectura de la Biblia no se dio suavemente sino con rupturas dolorosas, con luchas de escuelas rivales como las descritas por T. Kuhn. Unos querían defender el paradigma tradicional en el tratamiento de los textos contra los innovadores, quienes descubrieron nuevas maneras de interrogar los textos, incorporando conocimientos desde las ciencias de su tiempo. La autoridad inicialmente, como era previsible, defendió los métodos tradicionales, en los que se había formado. Hubo por largo tiempo violentas condenas contra métodos y autores. Sabemos que finalmente, enhorabuena, se aceptaron los nuevos métodos por parte de la autoridad central (con Divino Aflante Espíritu en 1943 y Dei Verbum en el Vaticano II) para beneficio de todos.

Alonso Schökel narra un episodio inicial de esta lucha, que nos parece ilustrativo y paradigmático. En el siglo XVIII en Bélgica, un católico laico – Astruc – creyó hacer un descubrimiento en su lectura de la Biblia. Observó que ciertos pasajes de la Biblia usaban siempre cierto término para referirse a Dios: “Elohim.” En pasajes repartidos en otras partes de la Biblia a Dios se lo designaba en cambio como “Yahvé.” (Con Kuhn, diríamos ahora, percibió un “hecho anómalo.”) Esta sencilla pero notable observación lo impulsó a un esbozo de teoría y a un agrupamiento diferencial de los textos pertinentes. Surgieron a sus ojos dos líneas narrativas que parecían iluminar problemas de lectura hasta entonces no resueltos. Después de mucho, decidió dar a conocer sus “Conjeturas…” en 1753 pero, consciente de su novedad, tuvo la precaución de publicar sus hallazgos en forma anónima y sin pie de imprenta. ¿Cuál fue la acogida? Previsiblemente, el rechazo, pues se creyó atacada la religión. Sus ideas atentaban contra el “sentido común” de la época sobre los textos sagrados: “¡Qué insulto a Moisés! ¡Qué injuria al Espíritu Santo!” fueron algunas de las reacciones. Hoy afortunadamente el estudiante es introducido rápidamente al Yahvista y al Elohista. Pero el cambio de paradigma en la lectura costó dolorosos siglos. (Este es precisamente el tipo de revoluciones que ha estudiado Kuhn en otros campos del saber.) Alonso Schökel lamenta que los primeros descubrimientos de una exégesis crítica, nacidos en cuna católica (con Astruc y un siglo antes, con Simon) al ser rechazados, debieron crecer y madurar fuera, retornando finalmente al mundo católico por la vía larga e indirecta del pensamiento protestante.

4. Conclusión. Postulamos entonces que, en relación al tema de la moral sexual, en la comunidad de los católicos en los hechos parecen coexistir actualmente dos maneras de pensar, dos paradigmas que discurren por ahora como en paralelo y en conflicto latente. Por una parte, el paradigma o visión tradicional que hoy es el oficial y válidamente vigente. Por otra parte, parece subsistir un paradigma innovador, no del todo regular, en cierta medida de investigación y como en reserva. En la práctica, una mayoría de los fieles parece coincidir intuitivamente con el paradigma innovador, mas afín al pensamiento moderno. Así es como buena parte de los fieles llegado el caso, si los necesitan para regular los nacimientos, pueden decidir el uso los métodos anticonceptivos; además, muchos eventualmente aceptan los métodos de fertilización asistida. Por su parte, el discurso oficial se guía por el paradigma tradicional, estimándolo el único bueno, reafirmándolo legítimamente en los documentos magisteriales, pero teniendo problemas para persuadir a muchos de sus fieles e incluso a parte de los sacerdotes y teólogos. Hemos querido aquí solamente fundamentar las razones que muestran que esta crisis de paradigma efectivamente existe. El problema parece ser mas profundo que una conducta simplemente errada o inmoral frecuente (la mentalidad anticonceptiva y la “liberalidad sexual” moderna). Nos parece ver aquí dos modos de pensamiento, cuyas “puntas del iceberg” vendrían ser las conductas sexuales concretas.

Estamos conscientes de lo provisorio e inicial de esta descripción, que solo aspira a ser una introducción a un tema arduo que precisa más investigación. Solo queremos señalar elementos de un panorama general que fundamenta la hipótesis planteada de una crisis latente de paradigmas en la moral sexual católica. En nuestra línea de estudio, nos quedaría quizá pendiente la tarea de definir y contrastar mejor los rasgos de ambos paradigmas: el tradicional, que inspira en términos generales a los documentos oficiales y es por tanto bien conocido. Y el paradigma innovador, que se encuentra caracterizado en textos mas dispersos y problemáticos por diferir de la doctrina oficial, aunque parece seguir en cierta medida vivo en la práctica de muchos fieles y en una reflexión posiblemente aun esbozada antes que en una teología moral completamente desarrollada.

El hecho de compartir una fe común hoy día lamentablemente no hace que todos compartamos un mismo paradigma en lo que a la sexualidad respecta. Sugerimos que actualmente se da una pluralidad de hecho, aunque ella ya no se acepte oficialmente, después de 1968, fecha en que se intentó superar esta crisis. Es necesario explorar esta dimensión paradigmática que nos parece aun en transición y quizá podamos recuperar gradualmente la capacidad de un diálogo más fructífero y provechoso en el terreno de la moral sexual. Quizá haga falta aceptar con humildad que en estos años los católicos no hemos podido evitar que subsistan dos modos de abordar la sexualidad y también aceptar que la opción de zanjar el debate mediante el argumento de autoridad no parece haber sido completamente eficaz hasta ahora, manteniéndose, por el contrario, una suerte de negativo estancamiento en el tema. Cada día que permanecemos en este impasse parece ser dañino para la moral sexual católica y su credibilidad social.

Finalmente recordamos la evolución reciente de la teología que despojó a la Palabra de Dios de su aparente condición de intocable respetando no obstante su carácter sagrado, pero ya de un modo nuevo, volviéndola así mas asequible al hombre moderno. Según nuestro análisis, la sexualidad católica podría estarse debatiendo actualmente en un dilema epistemológico semejante al que hace pocos años atrás vivió la Escritura. Ahora bien, si con respecto a lo que es más precioso a los ojos de la fe -la Palabra de Dios- se ha aceptado finalmente un nuevo modo de lectura, más actual y moderno, ¿porqué razón habría de ser la sexualidad humana aún mas preciosa e intocable? Por esa razón nos preguntamos: ¿cómo puede el origen sexual de la vida seguir siendo sagrado a los ojos de la fe, pero de un modo nuevo, permitiendo que al mismo tiempo pueda ser abordado, de un modo humanizador, con los instrumentos y conceptos que la modernidad ha descubierto?

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Una respuesta a Moral sexual católica, ¿está en crisis de paradigma?

  1. Luis Garcia dijo:

    Que gran reto para Nuestra Comisión Nacional de Pastoral Familiar de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Pues en varios años no han renovado el actuar y en sus postulados demasiados legales, siguen una linea que exige cosas como estas: “Perfil de las parejas que integran la Pastoral Familiar. …Casadas Sacramentalmente……una persona viuda o soltera no hay nada que impida que la integre. pero sin embargo NO ES CONVENIENTE INCLUIR a personas DIVORCIADAS VUELTAS A CASAR.”

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