Mi querida familia mal constituida

padreshijosNathan Stone sj

En niño creció en fuerza y estatura. La gracia de Dios estaba con él. Lucas 2:40

El lenguaje cristiano está recargado de imágenes de la vida familiar. A Dios, le decimos Padre. Al sacerdote, también. La Iglesia es la Santa Madre, y María es, para todos, mamá. Los religiosos son hermanos y hermanas, y a los compañeros en la comunidad, también. La familia eclesial no es literal, sino metafórica. La Iglesia en sí es una gran adopción mutua que crea vínculos de fraternidad y obligación solidaria donde antes no hubo nada.

En la vida, la familia de origen es la cuna de todo lo que somos. Es por eso tan importante crear familias sanas, armoniosas y compasivas, para que los niños puedan crecer y llegar a su plenitud como seres humanos. Para el cristiano, formar familia es una vocación, una misión sagrada, por la cual los llamados se disponen, entregando todo.

La Iglesia tiene su pastoral familiar para ayudar a los llamados a formar familia. No hay que suponer que la gente nazca sabiendo. Las pastorales familiares pretenden canalizar la riqueza de la experiencia acumulada en ayuda a los que están comenzando. La idea es que la iglesia sea escuela de amor.

El peligro inherente en la pastoral familiar es que se transforme en una pastoral de exclusión. Muchas veces, se entiende la familia bien constituida como precondición para poder participar en la comunidad. No existe ningún requisito previo. El amor del Padre de Jesús es incondicional y universal. La vida santa no es la causa de la salvación, sino su consecuencia. Los discípulos fueron enviados a proclamar el evangelio a toda la creación, no solamente a los dotados de una vida familiar ideal. Esa es la buena nueva.

Ninguno escogió a sus padres. Nadie decide quienes van a ser sus hermanos. Muchos viven en familias irregulares, o sin familia alguna, no por decisión propia, sino porque así aconteció; porque papá o mamá abandonó, porque nació fuera del matrimonio o porque falleció la persona que debía cumplir un rol importante. No por eso, Cristo los abandona. La Iglesia no les puede cerrar la puerta. Al contrario, la Sagrada Familia Eclesial acoge a los abandonados y los trata como sus hijos; rescata a las pecadoras y las recibe como hijas.

La Iglesia no da preferencia a quienes proceden de buena familia, ni discrimina a los que no. Quien tenga familia ideal, manantial de valores cristianos, que brille su luz en las tinieblas para el bien de los demás. Quien no tuviera, cuente con la Iglesia como su nueva familia. La Santa Madre sabe suplir el calor de hogar que nunca conoció.

El llamado para la comunidad eclesial es que sea madre, padre y hermano para los abandonados, los alejados, los que, en el mundo, solo conocieron el fracaso. El evangelio del amor universal es buena noticia para los cojos, los ciegos, los leprosos, los traumados y los olvidados. No hay que saber amar como Cristo amó para entrar en la Iglesia. Se entra a la Iglesia para aprender a amar así. Llegamos heridos, queriendo sanación.

La Iglesia no es solamente teorista, sino testimonio. El Santo Padre, cumpliendo su función paterna, está llamando la atención a sus hijos e hijas, para que seamos menos estructura fría y más familia cálida. Nos llamó la atención por la rivalidad y la vanagloria, por las veces que las insignias de honor se vuelven prioritarias en la vida eclesial. Nos llamó la atención por los chismes y las murmuraciones, que nos hacen sembradores de cizaña, y no de esperanza. Nos llamó la atención por divinizar a los jefes, esperando obtener algún beneficio.

Nos llamó la atención por la indiferencia, unos con otros, porque el protocolo en la familia eclesial suplantó la relación humana. Nos llamó la atención por la eterna cara de funeral, de quienes tratan a los que consideran inferiores con rigidez, dureza y arrogancia. Nos llamó la atención por formar grupos cerrados y elitistas, en desmedro de la familia abierta.

Recibamos, de buena fe, su urgente llamado. La Iglesia ha de ser luz para los pueblos, dando ejemplo de la sagrada vida familiar en la forma de tratarnos, los unos a los otros. Yo espero el día cuando la comunión fraterna sea más que discurso protocolar, sino realidad palpable y evangelizadora.

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Una respuesta a Mi querida familia mal constituida

  1. Como creyentes, debemos ser como niños ¿porque? primero porque es un mandato: Jesús dice El que no es como un niño no puede entrar al Reino de Dios Mt 18,3; pero que difícil es para una persona adulta, volver a ser como un niño, para Dios nada es imposible; el Apóstol Santiago 1,25 nos dice, que debemos estar atentos a la Ley Perfecta, que es la ley que nos trae libertad, siempre debe estar en nuestros labios y decir que Jesús es el Hijo de Dios, esto ayuda mucho y a la vez ser mensajero de la Paz.

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