Sínodo de la familia: El influjo de la praxis cristiana

Loreto Moya Marchant
Mensaje 633 (2014)
Académica de la Facultad Eclesiástica de Teología,
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

El 2014 está marcado por la celebración del Sínodo extraordinario de la Familia al cual ha convocado el papa Francisco. Son muchas las esperanzas que se posan en este acontecimiento y numerosos son también los temas que se entretejen cuando nos abrimos a pensar la familia en el contexto contemporáneo.

El cuestionario con el cual se hizo partícipe a las Iglesias del mundo, abre la consulta con un ítem denominado “Sobre la difusión de la Sagrada Escritura y del Magisterio de la Iglesia acerca de la familia”, donde se interroga sobre el nivel de conocimiento que los cristianos tienen de las enseñanzas de la Iglesia (enseñanzas de la Biblia, Gaudium et Spes y Familiaris Consortio) y si éstas son aceptadas íntegramente en sus praxis. Asimismo, se pregunta si allí donde las enseñanzas se conocen éstas son aceptadas o si se ven dificultades para ponerlas en práctica. Interesa también conocer cómo en las iglesias se difunden las enseñanzas doctrinales haciendo alusión explícita a la catequesis y cuál es su recepción en ambientes extra eclesiales.

Algunas Conferencias Episcopales, como la belga, la francesa, la alemana y la japonesa han publicado las respuestas o reflexiones hechas por sus iglesias a partir del cuestionario. Deteniéndonos solamente en el primer ítem, y sólo en algunos de sus temas, es interesante destacar la valoración que existe sobre la familia, la cual es considerada, tal como lo dice la Iglesia de Francia, como un “gran bien”, un espacio para la felicidad y el amor. Asimismo, el matrimonio como sacramento, su apertura a la vida, la idea de la fidelidad y exclusividad son consensuados como riquezas que ofrece la familia.

A nivel del conocimiento que se tiene sobre las enseñanzas de la Iglesia se señala que éste no viene de la lectura y estudio del Magisterio, sino más bien de lo que socialmente se conoce por los medios de comunicación o por lo que los sacerdotes comentan en sus prédicas. Esto ha significado que las “prohibiciones” en materia de moral sexual relativas al aborto, a las relaciones prematrimoniales y a la contracepción, son conocidas aunque no necesariamente compartidas. No se puede concluir que conocer las enseñanzas en materia de moral sexual lleve a ponerlas en prácticas. Las Conferencias Episcopales antes señaladas son claras en indicar la distancia que existe entre la doctrina oficial de la Iglesia y las prácticas de las familias cristianas. Existe la sensación de que en la sociedad contemporánea es muy difícil o casi imposible vivir según la doctrina de la Iglesia, sobre todo en relación a los métodos anticonceptivos y al trato a los divorciados y vueltos a casar.

Una lectura rápida o superficial, haría pensar que el problema está en la falta de formación sobre los temas antes tratados, es decir, no se acogen las enseñanzas de la Iglesia en materia de moral sexual puesto que no son conocidas. La solución sería entonces más cursos, la organización de una pastoral familiar centrada en formar sobre estos temas y una “reedición” del Magisterio con un lenguaje más cercano. Sin embargo, debemos mirar con mayor atención qué está pasando y qué están diciendo las Iglesias sobre este tema.

Al leer atentamente las respuestas, vemos que hay una reflexión del pueblo de Dios para explicar la distancia antes señalada. Las prácticas cotidianas y en este caso las prácticas religiosas no son simplemente la concreción o la puesta en práctica de una doctrina o de una imposición venida de la autoridad. En la manera de vivir la fe se despliega la creatividad y la inteligencia de los cristianos. Es así que la práctica cristiana se vuelve tanto lugar de producción como de verificación de sentido del mensaje evangélico. Seríamos ingenuos al creer que el rechazo a ciertas enseñanzas de la Iglesia se reduce a una comodidad o relativismo, pues desde las Iglesias particulares se comparte la preocupación por presentar una comunidad que acompaña a hombres y mujeres a vivir su fe en sus vidas cotidianas.

En general, si bien se acoge las virtudes de la familia, se critica la visión ideal de ella que presenta las enseñanzas de la Iglesia, la cual se experimenta como alejada de la realidad. Se reconoce que hoy el concepto de familia es plural y que existe una privatización de los temas sexuales por lo que el discurso eclesial actual sobre este tema es difícil de acoger y aún más, deja de ser relevante tanto en la sociedad como en las comunidades cristianas, las cuales se permiten sin mayor conflicto, estar en desacuerdo con las normas eclesiales. Dando un paso más, la Iglesia de Bélgica y Francia acentúan la necesidad de colocar el Evangelio en el centro de la discusión, pues al reflexionar sobre la moral sexual un grupo de los encuestados cree que ésta es contraria al Espíritu del Evangelio.

Este Sínodo tiene el valor de partir de la escucha de las Iglesias particulares sobre los desafíos y complejidades que significa hablar sobre la familia hoy. Este será un evento que recogerá la reflexión que nace de las praxis de las familias cristianas y de quienes las acompañan y que examinará la pertinencia de la doctrina actual de la Iglesia sobre familia y moral sexual.

Grandes ilusiones y grandes incertidumbres genera este encuentro. ¿Se reducirá el Sínodo a afirmar que todo se soluciona con una pastoral familiar centrada en “enseñar bien” o “transmitir correctamente” las enseñanzas de la Iglesia realizando un aggiornamento sólo en su forma? ¿Qué valor se dará a las reflexiones del Pueblo de Dios que nacen de la praxis familiar cotidiana? ¿Será la Buena Noticia del Reino el criterio de discernimiento para proponer una reflexión doctrinal sobre la familia?

El papa Francisco nos invita construir una Iglesia que primerea y esto es lo que muchos cristianos esperamos de este Sínodo, es decir, una Iglesia que, al estilo de Jesús, va a la periferia, se adelanta, se involucra, acompaña a las familias y es Noticia de liberación e inclusión para todo hombre y toda mujer de nuestra sociedad.

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